Endémicos de una Isla: Una Prioridad de Conservacion!

Hace unos pocos días tuve la oportunidad de visitar la Isla Santa Fe, en el archipiélagos de las Galápagos.  Alrededor de 97% de la superficie terrestre total del archipiélago es Parque Nacional.  Como en oportunidades anteriores, el objetivo de la visita fue observar la Iguana Terrestre de Santa Fe  (Conolophus pallidus), arriba en la fotografía, una especie que solo habita en esta pequeña  isla (cerca a unas 2.400 hectáreas).  Como esperábamos, pudimos observar varios adultos: tres machos y una hembra.

Tener la oportunidad de observar especies cuyo hábitat es tan limitado es siempre una recompensa.  De alguna manera, también trae consigo una responsabilidad, un sentimiento de urgencia para proteger el hábitat de dicha especie.  Tal fue la sensación que también tuve cuando observé por primera vez al Picaflor de Juan Fernández (Sephanoides fernandensis), un colibrí muy hermoso que está ‘En Peligro Crítico’ según la Lista Roja de UICN y cuyo único hábitat es la Isla de Robinson Crusoe o Masadentro (aprox.4.970 hectáreas), en Chile.  Esta pequeña ave, el único colibrí endémico a una isla oceánica, originalmente se alimentaba principalmente de plantas también endémicas a esta isla, como la Col de Juan Fernández  (Dendroseris litoralis).  Sin embargo, la vegetación natural de esta isla ha sido severamente alterada, en buena medida por herbívoros exóticos invasores, fuegos causados por el hombre y otros factores.  Su sobrevivencia a largo plazo dependerá  de la conservación en buen estado ecológico de los remanentes de vegetación natural en esta isla y, complementariamente, de manejar las plantas y vegetación introducidas por los pobladores de la isla.

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Picaflor de Juan Fernández  (Fotog.: H. Arnal).

Las islas que poseen ‘especies endémicas de una sola isla’ (single-island endemic species) deben recibir la mayor protección posible, especialmente si se encuentran dentro de un Parque Nacional u otra área de conservación en las categorías I a IV de la UICN (http://www.iucn.org/theme/protected-areas/about/categories).  Inclusive, cuando dichas islas están deshabitadas y con poco uso, y si las tierras son propiedad de la nación, la oportunidad para dar la máxima protección se hace evidente.  No proporcionar esa protección deja las puertas abiertas para futuras intervenciones antrópicas y eventuales alteraciones de sus ecosistemas, incluyendo la tan dañina invasión por especies exóticas (responsable por la mayoría de las extinciones documentadas en los últimos 500 años).

En el archipiélago de las Galápagos, las Islas Encantadas, donde tengo la fortuna de trabajar frecuentemente, hay muchas islas con ‘especies endémicas de una sola isla’.  Además de Santa Fe, otra isla a la cual debe prestársele atención y asegurar su máxima protección es Pinzón, antiguamente llamada Duncan (1.850 hectáreas).  Esta isla es el hogar de dos especies de reptiles que solo habitan allí.  En primer lugar, la Tortuga Terrestre Gigante de Pinzón (Geochelone ephippium), que hace dos décadas fue declarada extinta en la naturaleza debido a la acción depredadora de Ratas Negras (Rattus rattus) introducidas.  La población de esta tortuga no tuvo un reclutamientode tortuguillos durante más de 120 años debido a que éstos eran comidas por las ratas (erradicadas a fines de 2012).  La otra especie es la Lagartija de Lava de Pinzón (Microlophus duncanensi), también afectada por las ratas introducidas y cuya ecología es poco conocida. Pinzón no posee población humana ni infraestructuras y no está abierta al turismo.  Sin embargo, solo una pequeña fracción de la isla es de protección estricta o intangible.  Al igual que a la Isla Santa Fe, con pocos o ningún conflicto de uso es posible darle la mayor protección posible a la Isla Pinzón a través de una zonificación de intangible a toda la isla.

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Lagartija de Lava de Pinzón (Microlophus duncanensi) (Fotog.: H. Arnal).